DUENDE ENANO

Hay un duende petulante

sobre el tejado de plata.

Se esconde como un fantasma,

juega al mus,

sin más se escapa.

Juega conmigo en el aire,

se divierte en mi regazo.

Saltan chispas de locura,

me desintegro despacio.

Al son de mi carcajada

oigo su aliento cortando.

Una carcajada insomne

descubierta sin soñarlo.

¡Qué estupidez! Oigo en alto

¡Es mentira! Parlotean

¡Es imposible! Me insisten

¡Pues será! Sonríe el asno.

Yo no lo sé,

solo canto.

Y si el duende me reclama,

le dejo jugar un rato.

Reyes Hernández