DIALOGO DELIBERATIVO

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Uno de los objetivos de “El DUENDE DEL TDAH” es ir aportando información que ayude a aprender la extraordinaria complejidad inherente al TDAH. Complejidad que
no es exclusiva del TDAH, ya que está presente en todos los asuntos humanos. Nuestro deseo es estimular un dialogo deliberativo, que ayude a superar las actuales posturas enfrentadas desde las que se aborda el fenómeno TDAH

 

Diego Gracia Gillén  reconocido como una autoridad mundial en el mundo de la Bioética, explica que la DELIBERACIÓN (que forma parte de la vida humana en general y no es privativa de la ética) es un procedimiento consistente en el análisis y ponderación de todos los factores que intervienen en la toma de decisiones, para que éstas puedan ser consideradas razonables, responsables, prudentes, juiciosas o sabias. Gracia (2001) define la PRUDENCIA, como la virtud intelectual que permite tomar decisiones racionales, o al menos razonables, en condiciones de incertidumbre. Las decisiones prudentes no son ciertas, pero sí aspiran a ser razonables, por eso han de ser el resultado de un proceso de deliberación, cuya realización requiere ciertas capacidades intelectuales y otras relacionadas con el comportamiento y el carácter, que son las más difíciles de cumplirFrio y caliente Jaime Sanchez

Para deliberar, especialmente con otras personas, es preciso asumir la limitación del propio punto de vista y aceptar que sólo los discrepantes pueden ayudarnos a enriquecer nuestra perspectiva y ampliar nuestro punto de vista y, por tanto, a ser más prudentes

De ahí la importancia que para la deliberación tiene la humildad intelectual de no considerarse en posesión de la verdad y cerrarse
en banda ante la más mínima crítica. En una palabra, un requisito fundamental de la deliberación es la TOLERANCIA, o como decía Laín Entralgo

 “la capacidad de no hacer del discrepante un enemigo sino más bien un amigo, ya que es quien puede ayudarnos en la búsqueda de la verdad”.

Planteadas así las cosas se hace evidente la dificultad del proceso deliberativo, y cómo éste puede fracasar por múltiples motivos, que a veces proceden del medio social o cultural en que las personas se han formado, pero otras tienen raíces biológicas, caracteriales y hasta psicopatológicas, y unas terceras, quizá las más graves, obedecen a la conjunción de ambos factores.

Diego Gracia  señala que Habermas ha enfatizado que la deliberación ha de ser capaz de asumir también las razones de los intolerantes. Ortega y Gasset dijo: no hay duda de que todos tomamos por base de nuestra vida nuestras CREENCIAS, “la tierra firme sobre la que nos afanamos”. Al ponerlas en cuestión, la tierra se mueve bajo nuestros pies, lo que genera en nosotros inseguridad y por ello mismo angustia. Los fanatismos y fundamentalismos se asientan sobre esos presupuestos indiscutidos e indiscutibles que son nuestras creencias; sin duda, deben entrar en el proceso deliberativo, ya que todos estamos obligados a que las creencias, que por definición no pueden ser nunca completamente racionales (pues en tal caso se trataría de ideas) sean, al menos, razonables.

La deliberación es la vía para verificar la razonabilidad de nuestras creencias; algo muy difícil y a lo que todos nos resistimos en medida variable

48Pero no existe creencia inmune, cuando menos, a la duda. Ortega escribe “en esa área básica de nuestras creencias se abren, aquí y allá, como escotillones, enormes agujeros de duda”. Por esas grietas que hacen parcialmente permeable cualquier sistema de creencias, por sólido y compacto que sea, ha de penetrar el espíritu deliberativo, que es la causa de tales fracturas. Esa es la parte que en orden a la deliberación cabe considerar “sana” y con la que es
preciso buscar la alianza. La deliberación colectiva es el proceso basado en una peculiar alianza entre distintos seres humanos en orden a la búsqueda de la verdad o, al menos, de la prudencia. Es un proceso siempre abierto, sin término posible, donde se es siempre un perpetuo aprendiz. Aceptar esto es haber asumido con todas sus consecuencias el principio de tolerancia, que se halla a mil leguas no sólo del fanatismo, sino también de la indiferencia, otra cuestión, tan grave o más que la anterior.

*Diego Gracia comenta que…
“…No se aprende a deliberar mas que deliberando, y que nadie puede considerarse, en principio, una personalidad deliberativa, ni cabe catalogar a casi nadie como incapaz para la deliberación…”

Según Gracia, puede decirse que el ejercicio de la deliberación es un signo de madurez psicológica. El proceso de deliberación exige la escucha atenta, y cuando las personas se hallan dominadas por la angustia o por emociones inconscientes, esto no les permite escuchar al otro y actúan de un modo reflejo, automático, que las lleva a tomar posturas extremas, de aceptación o rechazo totales, lo que convierte los conflictos en DILEMAS, es decir, en cuestiones con sólo dos salidas, que además son extremas y opuestas entre sí. Pero la realidad es mucho más compleja y aprehenderla requiere muchas más opciones. Sólo quien es capaz de controlar los sentimientos de miedo y de angustia puede tener la entereza y presencia de espíritu que exige la deliberación. La deliberación busca analizar los problemas en toda su complejidad; eso supone ponderar tanto los principios y valores implicados como las circunstancias y consecuencias del caso.

Intentaremos que este espíritu deliberativo al que se refiere Diego Gracia guie todas nuestras aportaciones a esta página web. Seguramente no siempre lo consigamos. Por ello esperamos que vuestras críticas y comentarios nos ayuden a “volver” a un camino “suficientemente bueno”. GRACIAS.

Bibliografía

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Diego Gracia Gillén

La Deliberación moral: el método de la ética clínica